domingo, 24 de julio de 2011

Mi primer baile

Estoy cerca de la aterradora suma de los 50 años vividos, no se si bien o mal, pero pucha que he pasado en revisiones técnicas debido a fatiga de material. Está de más decir que los  todos los años en que estuve casada con troglodita,  creo que en total 17 si es que no fueron más, pero que cómo a cada rato  me mandaba a pasear donde mi mamá y a otras partes más lejos  también, al parecer a él se le hicieron más cortos  y a mi eternos como esos hielos milenarios  que cubren nuestra famosa Cordillera de Los Andes..


Hoy conversábamos entre varios,  sobre como eramos algunos, hace treinta años o más años atrás, por supuesto, yo era de las más fomes del curso, me acuerdo que cuándo alguien me sacaba a bailar, si ya era un lento era de dudosa reputación si lo aceptaba o no, lo digo por mi, al hacerlo extendía mis brazos cuán largos eran, con lo que ponía ya una barrera del ancho y de espesor de dos sacos de cemento, entre el acompañante del baile y yo y si él me llegaba a gustar y osaba acercarse más, ahí los brazos se ponían más lánguidos, pero de inmediato, empezaban a sonar unas sirenas por todos lados , veía la cara de mi mamá, del papá, de mi abuela, abuelo, del tío obispo y del cura del barrio diciendo, " cuidado, estás pecando, estás a un paso de ser madre y soltera!!!", cuándo la única lección de sexualidad que había tenido de parte de mi madre era la de la famosa abejita que iba a buscar polen a la flor y venía cantando feliz y por pajarona chocaba con un árbol se le caía y polinizaba algunas flores en el camino y a otra a la que le traía directamente el néctar", pero con el ruido de las trompetas para mi ya era suficiente, me imaginaba que todas esas sensaciones que podría llegar a sentir por un baile podrían a ser pervertidas y pecaminosas amén del riego inminente que podía existir, las flores germinaban muy rápido en dónde caía el polen y a pesar de que me iba mal en biología lo me quedó claro lo del pistilo, y las otras mariguanzas que por lo demás no era mucho más lo que nos enseñaban, así que era mejor poner los dos sacos de cementos y pasar por ser la más aburrida del curso, la más tímida  y la con menos onda de todas. De todas maneras, me iba al campo casi todos los fines de semana y bien pocas oportunidades tenía de bailar.


Me casé, no les miento, no había mucha diferencia entre el marido que me tocó o elegí y el señor de la querencia y la Santa Inquisición, tuvieron que pasar varios años y varios regalos de pasajes sin retorno, para que me diera cuenta que esas voces ya no estaban ahí, más mi Club de Tobi, en que  yo era la única Lulú y que nos juntábamos a almorzar los días martes, ellos un grupo de buenos amigos que siendo todos afuerinos de Puerto Montt, nos  unimos como hermanos, les prometo esta vez no había cemento, pero tampoco baile, contaban sus anécdotas, los escuchaba, fui aprendiendo y fui sacándome hasta la voz del tío cura que siempre hay en la familia y en mi familia había varios, claro que he decir en  honor a la verdad la timidez, ya la había perdido a puro andarla escondiendo por ahí, volvía a buscarme y me la volvía a sacar, hasta que llegó el punto en que las personas que me conocían no podían creer que alguna vez lo fui y así nunca más la había vuelto a encontrar de esto hace  como veinte años atrás, pero esa es otro tipo, no es a la que me refiero hoy, esta vez me refiero a disfrutar un baile como los de antaño, en que tampoco eramos niños, pero yo tenía más de 20, dejar que pase el tiempo y tu con él, bailar pegados como dice la canción, sentirlo y disfrutarlo al máximo....


Con mi club de Tobi, mi buenos amigos hombres de Puerto Varas, con los que podía conversar de todo, nos juntábamos a almorzar los martes, me buscaban clientes, ellos contaban lo que les pasaba, lo que hacían y deshacían, me veían cómo uno más de ellos y para mi era demasiado bueno, me  cuidaban, les podía preguntar cuando alguien aparecía en el horizonte si se veía confiable o no, si ponía los sacos de cemento entre los dos o me relajaba, me acompañaban a pasear al perro, si es que hay lazos que extraño de Puerto Varas es ese Club, esta Lulú acá está sola.


Pero no tan sola el otro día bailé mi primer lento, lento que hizo que mi corazón palpitara como una adolescente y a pesar de buscar las caras de mi mamá, papá, abuelas, el tío obispo, los tíos curas y demases, para que pusiera los sacos de cemento entre él y yo, no apareció nadie, lo disfruté como jamás lo había hecho, todavía al recordarlo y al escribirlo siento mariposas en mi guata y me río de placer, fueron tantos años conteniendo sentimientos, y ahora en la mitad de mi vida me vengo a dar cuenta que puedo ser tan feliz con un solo baile.


Jel

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