No piensen que soy trágica, ni que tengo el ánimo por el suelo, ni que me quiero morir o que ando buscando a la muerte, no, todo lo contrario, quiero vivir muchos años más, pero soy organizada y cómo en tan pocos años he tenido tantas enfermedades quiero asegurarme de que todo quede por escrito para que no haya malos entendidos, no es que tenga muchas cosas materiales, pero lo que tengo quiero dejarlo repartido en forma más o menos justa y que nadie después diga lo contrario.
Para empezar, quiero dejar mi cuerpo a la ciencia, lo dono a la Escuela de Medicina de la Universidad Chile, para ver si una vez muerta, por lo menos pueden saber que es lo que ahí adentro y así puedan ayudar a otros como yo, que jamás supieron que pasaba con sus cuerpos y a los que muchos no les creyeron o simplemente se burlaron de ellos como lo hicieron conmigo, no quiero que jamás vuelva a sucederle a persona alguna.
Cuando me muera, se que me han de llorar, por lo que quiero un cajón rojo, aunque no estaré ahí, pero mi espíritu los acompañará, fui bautizada católica, hice la primera comunión, creo en Jesús, en Dios Padre, por lo que me encantaría una misa con un cura muy entretenido y que no diga que yo fui una santa, que diga la verdad, y que termine con unos mariachis cantando algunas canciones elegidas por mi, pero la última tendrá que ser El Rey.
Quiero conmigo a mis entrañables amigos y a los que un día fueron mis enemigos, ya que a estos últimos también aprendí a quererlos.
Le dejo mi abrigo de piel a mi querida amiga María Paz, se que ella lo gozará y lo cuidará, en más de una ocasión me lo ha pedido y como para mi es más que una amiga, es una hermana, se lo dejo feliz para que lo disfrute y se acuerde de los buenos tiempos vividos en Puerto Varas.
A mi querida amiga Jacquie le dejo mi abrigo de Tafetán de seda fucsia del diseñador H.A.I, con él se verá preciosa y recordará viejos tiempos, difíciles de olvidar.
A mi querido Pancracio Morandé mi mejor amigo, el hermano que la vida me entregó le dejo a mi "viejo chico" una escultura de piedra mapuche de mi colección que tiene muchos años, es tan valiosa como nuestra amistad.
No puedo olvidar a mi amiga Annita, amiga de tiempos callados, de tiempos lluviosos, soleados, un collar de plata para que cuando se lo ponga, lo lleve cerca de su corazón y nunca se olvide ni se aleje de mis hijos.
No puedo terminar este testamento sin mencionar a algunos pasteles de mi colección, si siempre hay algunos preferidos aunque la relación haya sido un fiasco, al chocolate suizo le dejo una pipa de piedra,verdadero arte mapuche al igual que a otro pastel que aún no ha sido clasificado ni lo será.....
El resto se lo dejo a mis hijos para que lo disfruten, como lo he hecho yo.....
Jel
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