domingo, 11 de abril de 2021


Que ha sido de mi....



Ha pasado tanta agua bajo el puente, como días se han agregado al calendario en estos años y dejé de escribir, no porque no quisiera, no porque no tuviera ideas, Troglodita siempre me da muy buenas, el país y sus políticos también, pero mi abuelita se murió a los 104 años y a pesar de que yo sabía que eso tenía que pasar y que ya estaba viviendo gratis hace muchos años, era la matriarca de la familia, la que nos juntaba a todos, como ya les dije una vez; a la tía loca, al tío mal genio, al tío zurdo, al otro momio, y al zoológico de nietos y bisnietos. Ella tenía la habilidad que todos olvidaran sus diferencias y lo pasáramos bien juntos. Se fue y se fueron esos días sábados y domingos que nos reunían a todos en su casa y la familia se desintegró. Se fue y solo quedaron los recuerdos, de una vida en patota, de saber que él sábado si o si ibas a la casa de tu abuelita y mis hijos tenían que saber ir con una sonrisa en la cara, porque era obligación, porque la familia es la familia, a los viejos se les va a ver, ellos esperan la visita de la semana, hoy pienso que quizás yo la esperaba más que ella. Lo pasábamos bien, ya se le olvidaban las cosas, entonces nos íbamos de viaje a Europa, no reparábamos en gastos, nos comprábamos ropa, íbamos a elegir chiquillos como decía ella ,pero me decía que no se los buscara muy flacos, porque así no le gustaban, se reía, bueno se contestaba y si no encuentras un poco rellenitos, los encerramos en la pieza de el lado y los hacemos engordar para llevarlos al baile y se reía mucho, ay Mamita como extraño su humor. Ahora que estamos en plena pandemia, podría escribir tantas miserias del ser humano, pero a mi me gusta el humor, me gusta ver la vida a través de un prisma de colores y espero que este virus que aún no tenemos la certeza en donde se inició se vaya luego, porque a mi me trajo algo muy bueno, que ya se los contaré más adelante.Estuve desde abril del año pasado en el campo, cuidando a mis papás en el campo, o más bien ellos me cuidaron a mi, en la cosecha de paltas, choqué con una y de un paltaso me fui directo al suelo, en la cosecha de tunas, la parte trasera de mi cuerpo quedó llena de espinas y por supuesto me pegué el Covid, cuando vine a Santiago y me lo descubrieron por casualidad, fui asintomática, así que tuve vacaciones en Santiago un mes.

En el campo, en la noche me topé con un murciélago en el comedor, tan vilipendiado últimamente  y acusado injustamente de causar una pandemia, mientras pasaba rosando mi cabeza y yo trababa de no gritar para no despertar a nadie y no se dieran cuenta que andaba en malos pasos en la cocina, y no lo podía dejar ahí porque en la mañana iba a llagar la Anita y se iba encontrar con él y del desmayo no la íbamos a poder parar, mientras pensaba que hacer, el mini Batman, pasaba muy cerca de mi cuerpo y yo con gritos y dando saltitos trataba de pensar que hacía, obviamente no podía pensar claro y los gritos ahogados eran cada vez menos ahogados y un poco más fuertes y el murciélago más audaz y no aguanté y tengo que reconocerlo, fui a buscar a mi mamá, si a los 57 años, acudí a mi mamá.

No sé, pero con ella al lado, me puse más inteligente, mientras ella me decía, pero mire que bonito, pero ni no le va a hacer nada y buuumm el bicho en vuelo rasante sobre mi cabeza y mi mamá con ataque de risa, me decía, oh!! qué increíble como se le acerca!! nunca había visto algo así, pero quédese quieta, si no le va a ser nada, y yo entre saltos y gritos ahogados, me resistía a ser la señora de Batman. Le pedí a mi mamá un mantel blanco, no lo podía encontrar, con el ataque de risa y me quedó mirando y me preguntó - Te estás haciendo pipí? , no!!! le contesté, es que como estás dando saltitos? Mamá es para despistar al bicho este!! y otro ataque de risa...ya pues mamá deme un mantel blanco!!! , al fin me lo pasó lo estiré cuanto pude y abrí la ventana, pero este bicho no venía al género blanco , gozaba haciendo vuelos rasantes sobre mi cabeza,  de pronto la sábana lo empujó y salió de la casa, me apresuré a cerrar las ventanas, los postigos y poner la tranca de fierro, no se fuera a arrepentir de haberse ido.

Me fui a dormir y procuré no volver a la cocina a las andadas, no fuera a encontrarme con un guaren esta vez.


Jel

No hay comentarios.:

Publicar un comentario